En la última década, Perú ha experimentado una de las crisis políticas más importantes del nuevo siglo. Pero, ¿cuáles han sido los efectos de estas crisis en el sistema político? Entre 2016 y 2020, tres presidentes se vieron obligados a terminar anticipadamente sus mandatos por las agudas relaciones que guardaban con el Legislativo y por los escándalos políticos en los que se encontraban involucrados y comprometían la integridad presidencial (Aguirre, 2024; Aguirre y Calcina, 2025)
A priori, estas crisis parecían no tener efectos reales sobre la estabilidad democrática y económica del país: la inflación se mantuvo dentro de márgenes normales, la inversión pública y privada tuvo aumentos significativos, e incluso, según los datos registrados por el V-DEM, el Perú alcanzó su máximo histórico en el Índice de Democracia Liberal en 2020, con un 71%.
Tras el agitado panorama político del periodo 2016-2020, las elecciones 2021 representaron una nueva oportunidad para retomar la estabilidad política; no obstante, los resultados evidenciaron una situación aún más compleja que en los años previos. Pedro Castillo, un sindicalista antiestablishment que lideró la huelga magisterial del 2017, y cuya propuesta más importante de su campaña fue la promoción de una nueva constitución, derrotó a Keiko Fujimori por un estrecho margen de votos. Según Goldstein (2022), la elección de Castillo frente a Keiko Fujimori activó un bloque unido de la derecha peruana por la presunta puesta en crisis del modelo económico social fujimorista. Esto impulsó a las fuerzas conservadoras en el Parlamento, afines al modelo económico impuesto por Fujimori en los noventa, a iniciar un nuevo proceso desestabilizador con el objetivo de destituir a Castillo a cualquier costo.
Los conflictos entre Castillo y el Parlamento llegaron a su fin en diciembre del 2022, cuando el presidente intentó un autogolpe de Estado durante su tercer proceso de juicio político, y tras no contar con el respaldo de la ciudadanía y las fuerzas armadas, fuera destituido y encarcelado. Con la destitución del presidente, Dina Boluarte, entonces primera vicepresidenta, asumió el gobierno en un contexto de profundo descontento social. La respuesta popular ante la severa crisis de representación que atravesaba el país se expresó en una ola de protestas conocida como el “estallido social peruano” y tuvo un carácter regional y un marcado componente rural y campesino (Burneo, Dammert y Monge, 2024).
El gobierno de Boluarte respondió a estas protestas con una fuerte represión policial que provocó la muerte de más de 60 personas, un hecho inadmisible en cualquier democracia. Esta situación ha llevado a que el Perú consolide su posición como régimen híbrido (Barrenechea y Vergara, 2023). Por otro lado, los datos del V-DEM mostraron una caída significativa en el Índice de Democracia Liberal: del 71% en 2020 al 49% en 2024, debido al autogolpe propiciado por Castillo, la represión violenta bajo el gobierno de Boluarte, las reformas constitucionales impopulares y la restricción de la independencia del Poder Judicial (Nord, et al., 2025).
Gráfico 1
Liberal Democracy Index – Perú
Nota: Se muestra la evolución del Índice de Democracia Liberal en el Perú hasta el reporte del 2025. Gráfico generado a partir del graphic tools de Varieties of Democracy (2025).
El debate sobre la evolución de la crisis política en el Perú ha llevado al ensayo con variadas perspectivas analíticas sobre las implicancias que los diversos episodios de inestabilidad han tenido en el régimen democrático. Principalmente, se identifican tres: en primer lugar, estudios como el de Gamboa (2023) argumentan que el país atraviesa un proceso de “retroceso democrático”, impulsado por la aparición de líderes como Pedro Castillo, quien habría intentado concentrar el poder y debilitar los mecanismos de control institucional. No obstante, esta interpretación ha recibido escaso respaldo en la academia local, debido al insignificante impacto que tuvo el fallido autogolpe de Castillo sobre la estructura del régimen.
En contraste, Barrenechea y Vergara (2023) sostienen que el Perú experimenta un proceso de desdemocratización no por la concentración del poder, sino por la expansión progresiva de la insignificancia de la política. Este fenómeno, conceptualizado como “vaciamiento democrático”, se expresa en la fragmentación del poder, el amateurismo político y la ruptura de los vínculos sustantivos entre representantes y la ciudadanía. Finalmente, el ensayo de Sosa-Villagarcía et al. (2025), plantea que en los últimos años se ha consolidado un “autoritarismo legislativo”, resultado del creciente poder del Congreso y la debilidad de los contrapesos institucionales. Desde esta perspectiva, el Legislativo no solo ha asumido un rol dominante en la política local, sino que incluso ha subordinado al Ejecutivo, invirtiendo así la lógica tradicional del presidencialismo.
<p style="text-align: justify"Finalmente, el ensayo de Sosa-Villagarcía et al. (2025), plantea que en los últimos años se ha consolidado un “autoritarismo legislativo”, resultado del creciente poder del Congreso y la debilidad de los contrapesos institucionales. Desde esta perspectiva, el Legislativo no solo ha asumido un rol dominante en la política local, sino que incluso ha subordinado al Ejecutivo, invirtiendo así la lógica tradicional del presidencialismo. Particularmente, considero que resulta difícil reflexionar sobre cuánto ha retrocedido una democracia que nació y creció enferma. Cuando uno empieza a estudiar Ciencia Política, se le enseña que no puede haber democracia sin partidos. Entonces, ¿cómo podemos evaluar la democracia peruana si desde hace años se considera que carece tanto de partidos políticos como de un sistema de partidos funcional? Supongo que, como señala Przeworski (2024), nuestra visión de lo que es —y no es— democracia dependerá de nuestras convicciones minimalistas o maximalistas para con la misma. Desde mi perspectiva, los ensayos de Gamboa (2023), Barrenecha y Vergara (2024), y Sosa-Villagarcía et al. (2025) se enmarcan en una visión maximalista de la democracia, y sus discusiones resultan valiosas porque ponen en evidencia la erosión democrática del país. Porque sí, es innegable que la “democracia” en el Perú se está erosionando. Pero, ¿no son, acaso, la mayoría de estos síntomas los mismos que nos aquejan desde hace más de dos décadas?
Aguirre, M. (2024). Crisis y colapsos presidenciales en el Perú (2016 – 2021) [Tesis de grado, Universidad Nacional Federico Villarreal] Repositorio Institucional UNFV. https://hdl.handle.net/20.500.13084/10005
Barrenechea, R., Vergara, A. (2023). El vaciamiento democrático en el Perú… y más allá. Nueva Sociedad. https://www.nuso.org/articulo/Peru-democracia-vaciamiento/
Gamboa, L. (2023). How oppositions fight back. Journal of Democracy, 34(3), 90–104. https://doi.org/10.1353/jod.2023.a900435. Reimpreso por la Revista Argumentos con el permiso de Johns Hopkins University Press. Traducción de Paolo Sosa-Villagarcia.
Goldstein, A. (2022). Las elites y las derechas en oposición al gobierno de Pedro Castillo en Perú. Discursos del Sur, revista de teoría crítica en Ciencias Sociales, (9), 119-150. https://doi.org/10.15381/dds.n9.21593
Monge, C., Burneo, M., Dammert, J. (2024). Crisis política y estallido social en el Perú. Una mirada con perspectiva histórica y desde las regiones. Lima, SEPIA.
Nord, M., Altman, D., Angiolillo, F., Fernandes, T., Good God, A., & Lindberg, S. I. (2025). Democracy Report 2025: 25 Years of Autocratization – Democracy Trumped? University of Gothenburg: V-Dem Institute.
Przeworski, A. (2024). Defender la democracia. Nexos. https://redaccion.nexos.com.mx/defender-la-democracia/
Sosa-Villagarcia, P., Incio, J., y Arce, M. (2025). The Rise of Legislative Authoritarianism. Journal of Democracy, 36(2), 106-117. https://dx.doi.org/10.1353/jod.2025.a954567
Varieties of Democracy (2025). Graphing Tools. https://www.v-dem.net/graphing/graphing-tools/

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