Escrito por: Diego Florez
En la última encuesta de Ipsos (17AGO25) se confirma un escenario polarizado en dos extremos que ya se venía observando en los sondeos de enero, abril y en las dos encuestas de julio. De un lado, Rafael López Aliaga (10%), Keiko Fujimori (8%) y Carlos Álvarez (6%), quienes juntos logran concentrar a prácticamente un cuarto del electorado. En el otro extremo, los “no definidos” con el 51% del electorado compuesto por quienes rechazan a todos los candidatos y aún no expresan con claridad su intención de voto.
No hay extremos sin un medio. En el medio, el reino de la “fragmentación electoral”, conformado por muchos “candidatos” con menos del 3% de intención de voto, entre quienes, se encuentra el próximo presidente o presidenta del Perú.
Parece ser una regla no escrita de la política peruana que, para alcanzar la presidencia, el verdadero esfuerzo consiste en disputar el único cupo disponible para la segunda vuelta, pues el otro suele estar ocupado por Keiko Fujimori, quien ha logrado pasar a segunda vuelta en las tres últimas elecciones. Por lo tanto, la próxima primera vuelta electoral no será competir por los dos primeros puestos sino únicamente por ese cupo disponible, dinámica que ha marcado la política de las dos últimas décadas.
¿Quién ocuparía ese segundo cupo? A ocho meses de la primera vuelta resulta poco probable saberlo con certeza. Sin embargo, lo que sí parece posible anticipar es que no serían Rafael López Aliaga ni Carlos Álvarez, la evidencia para eso está en la comparación con las encuestas de Ipsos entre enero y agosto del 2020, un año previo a las elecciones de 2021, para ese entonces los favoritos en intención de voto eran George Forsyth (25%), Daniel Urresti (10%) y Verónica Mendoza (6 %). Sin embargo, ninguno de ellos logró ubicarse entre los cinco primeros lugares de la primera vuelta, y, más aún, ni Forsyth ni Urresti alcanzaron siquiera pasar la valla electoral del 5%.
Para agosto del 2020, a nueve meses de las elecciones del 2021, Pedro Castillo de Perú Libre no aparecía entre los primeros de las encuestas, apenas figuraba dentro de la categoría de “otros”, donde ninguno superaba el 2 % de intención de voto. Por ello, de cara a agosto del 2025 —también a nueve meses de los comicios del 2026—, no resulta pertinente interpretar los resultados de la última encuesta de Ipsos como un anticipo de los próximos resultados de primera vuelta. En las siguientes semanas y meses, el extremo (bloque) de los “no definidos” se reducirá, ese porcentaje no se irá a quienes hoy encabezan las encuestas, sino que se dispersará entre algunos candidatos dentro de la categoría de “otros”.
Queda preguntarnos ¿Cuándo los sondeos de intención de voto lograran darnos un mejor panorama de los próximos resultados de primera vuelta electoral? Lo primero a tener en cuenta es el desinterés por la política. Para fines del 2024, el Instituto de Estudios Peruanos identificó que al 68 % de los peruanos no les interesa la política, y, en consecuencia, resulta previsible que, por el momento, tampoco les interesa las próximas elecciones, la campaña ni menos quienes son los candidatos. Pese al desinterés, les solemos preguntar ¿Cómo votarían si mañana fueran las elecciones? Indagar sobre algo que no forma parte de sus prioridades tiene sus limitantes, sin embargo, por ser el voto obligatorio, ese desinterés tiende a disminuir conforme se aproxima la fecha electoral.
Lo segundo es la incertidumbre respecto de quiénes serán realmente candidatos, la cual empezará a despejarse recién el 23 de diciembre de 2025, según el cronograma electoral del JNE, fecha límite para la presentación de solicitudes de inscripción de fórmulas y listas. Para entonces, con el fin de año, se inicia también el fin del desinterés ciudadano y se reduce la incertidumbre sobre la oferta electoral. Así, recién a partir de enero de 2026 podríamos EMPEZAR a tomar con mayor seriedad los resultados de intención del voto.
Hasta enero del 2025, esos sondeos de intención de voto (los publicados como los que se publiquen) solo sirven a quienes logran aparecer en ellos, pues les permite justificar su participación como candidatos presidenciales en las próximas elecciones.
