Un 02 de octubre de 2018, en el consulado saudí de Estambul, se cometió el asesinato del periodista y columnista, para The Washington Post, Jamal Khashoggi, fruto de un plan meticuloso llevado a cabo por el circulo más cercano al príncipe heredero Mohammed bin Salman; este suceso indignó a la comunidad internacional, quienes reaccionaron pidiendo una exhaustiva investigación y un posterior castigo ejemplar contra los involucrados.
Las evidencias recopiladas por la inteligencia estadounidense apuntaban al círculo más cercano al poder saudí, y puso en tela de juicio las transformaciones que venía realizando el príncipe heredero, Mohammed bin Salman. En ese momento la promesa del entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, de convertir al reino en un "paria" internacional, resonó con fuerza; debido a que, de llevarse a cabo, generaría un cambio radical en la diplomacia estadounidense.
Ya como mandatario en 2021, Biden empezó a tomar una serie de medidas contra la cúpula saudí; en primer lugar, se hizo público un informe de inteligencia que implicaba al príncipe heredero en la planificación del asesinato de Khashoggi; en segundo lugar, tomó medidas de sanción contra funcionarios saudíes cercanos al Mohammed bin Salman, y, en tercer lugar, suspendió la venta de armamento ofensivo. Esta postura tomada por la nueva administración hacía pensar que el régimen saudí pagaría por sus crímenes contra los derechos humanos. Sin embargo, la posterior invasión de Rusia a Ucrania (que puso en shock a la economía mundial y sacudió los mercados) dificultó todo rompimiento, haciendo que Estados Unidos estableciera relaciones con el gobierno al que había prometido convertir en “paria”. Ahora y bajo el segundo mandato de Donald Trump, se ha trazado un nuevo rumbo que prioriza los intereses económicos, estratégicos y geopolíticos, por encima de toda consideración moral.
Trump, con su característico comportamiento y franqueza en algunos asuntos, ha priorizado los intereses nacionales de Estados Unidos, por encima de los principios morales que su nación dice defender. Ya en su anterior mandato, y en medio de la conmoción por el brutal asesinato de Khashoggi, sostuvo una postura favorable al príncipe heredero; postura que vuelve a retomar, debido a la importancia de Arabia Saudita y las consecuencias de relegarla al estatus de “paria” internacional
Al ser Arabia Saudita uno de los mayores productores de petróleo a nivel mundial, asume un papel fundamental y clave en la estabilidad energética global, y no solo esto, su posición regional hace que Arabia Saudita sea un aliado fundamental en la lucha estadounidense por detener o minimizar la influencia iraní en Oriente Medio; a su vez y enlazándose con la razón anterior, el reino saudí es un importante comprador de armamento estadounidense, generando un mercado amplio para la industria bélica. La pasada visita de Donald Trump a Riad, en mayo de 2025, ha consolidado este realineamiento estratégico. Recibido con todo un espectáculo de caballos, como si de un monarca se tratara, el republicano terminó firmando acuerdos por cientos de millones de dólares, marcando un momento histórico en la relación entre estos dos países; los acuerdos abarcan desde el ámbito de defensa, energía y tecnología; este mega acuerdo, incluye un contrato de defensa por casi 142 mil millones de dólares, fortalece la posición del reino saudí como potencia militar regional.
Este realineamiento es un ejemplo claro de la complejidad de las relaciones internacionales y de política exterior en la escena global. Si bien es cierto que existen preocupaciones por la violación de derechos humanos, también es cierto que romper lazos con países tan estratégicos como Arabia Saudí puede tener repercusiones mayores. Arabia Saudí sigue y seguirá siendo un socio importante para Estados Unidos, pero sumamente incómodo en cuanto a su imagen de supuesto defensor de derechos humanos. Si los intereses de una potencia occidental coinciden con la defensa de los derechos humanos, responderán contundentemente, no obstante, si sus intereses económicos o estratégicos difieren en ese momento, lo ignorarán y mirarán a un lado, mientras pregonan hipócritamente sus valores occidentales.

