Piero Nicolas Alcedo Huaman
El Perú enfrenta una crisis de seguridad alarmante. Según el INEI, el 27% de limeños ha sido víctima de extorsión, una cifra que refleja la gravedad del problema. Aún, cuando el presupuesto del Ministerio del Interior aumentó en un 8% para el 2025. Ante esta realidad, las medidas del exministro del Interior, Juan José Santiváñez, resultaron insuficientes; los estados de emergencia y el despliegue militar se volvieron respuestas repetitivas, incapaces de frenar la escalada del crimen organizado.
La destitución del ex ministro, aunque justificada y necesaria, abre un período de incertidumbre. Esto se debe a que, un nuevo ministro implica redefinir estrategias, pero el contexto resulta preocupante: mientras el ministerio se reorganiza, las bandas criminales toman ventaja. Hoy, los extorsionadores usan explosivos y asesinan a trabajadores de transporte con impunidad. ¿Dónde quedó todo aquel avance del que el exministro hablaba con tanto orgullo?
Durante el debate en el pleno sobre la censura de Santiváñez, algunos defendieron al exministro argumentando que ha estado trabajando día y noche. Pero, ¿es el exceso de trabajo un indicador de una buena gestión? Pasó más tiempo en conferencias que diseñando soluciones duraderas.
La seguridad no se mejora con discursos desafiantes ni medidas reactivas; requiere planeamiento, tecnología y dejar de lado el uso de medidas de impacto mediático como el Estado de Emergencia.
La nueva elección de la presidenta, Julio Díaz Zulueta, parece no cumplir con el perfil idoneo: Tiene antecedentes con la corrupción y, por si fuera poco, promete ilusoriamente ‘’un Perú más tranquilo en cuatro meses’’. Una propuesta optimista pero difícilmente realista.
El presupuesto del Ministerio del Interior aumentó teniendo como prioridad la lucha contra la inseguridad ciudadana. Sin embargo, el problema va más allá de los recursos: es una crisis de eficacia y adaptabilidad. Las mismas fórmulas fallidas —toques de queda, patrullajes militares— se aplican una y otra vez, mientras el crimen organizado se expande. Urge un cambio de enfoque: menos teatros mediáticos y más inteligencia policial, persecución financiera a mafias y reformas penales que disuadan.
Solo nos queda preguntarnos entonces, ¿estará el nuevo ministro a la altura? El nuevo ministro no solo genera desconfianza, sino también parece no tener una mirada crítica de la situación en la que el país se encuentra. El Perú no necesita ministros que trabajen más, necesita ministros que trabajen mejor. Se necesita una figura capaz de liderar la lucha contra la delincuencia, que genere confianza en los resultados y que cambie la narrativa pleitista y poco profesional por un objetivos claros y concretos.
