Escrito por: Diego Florez
Hemos ganado el mundial, pero el “Mundial de Desayunos”, evento en el que el principal ganador fue el streamer Ibai. ¿Nos merecíamos ganar? No sé, tengo mis dudas, pero ya tengo tu atención. Lo que nos interesa es detenernos en analizar cómo el gobierno va transitando hacia un camino “populista”, el populismo del pan con chicarrón.
Pese a que concluyó el “mundial”, la prioridad parece seguir siendo el pan con chicarrón, el 17SET25, mediante Resolución N° 0368-2025-MIDAGRI, se oficializó que cada segundo domingo de septiembre se celebrará el “Día Nacional del Pan con Chicharrón de Cerdo Peruano”, incluso en medio de críticas como las del gobernador del Cusco, Werner Salcedo, quien cuestionó tal prioridad del gobierno en medio de protestas en Machu Picchu.
Lo del pan con chicharrón se suma al anuncio de respaldo del Ejecutivo al octavo retiro de la AFP, la eventual salida de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, gestos del gobierno por su camino populista, el anuncio del proyecto de construcción del Establecimiento Penitenciario El Frontón, entre otros gestos que podríamos calificar como “populistas”.
Para Carlos Meléndez (2022), quien utiliza la operacionalización del populismo propuesta por Van Hauwaert, Schimpf y Azevedo (2019), el populismo tiene tres dimensiones: la soberanía popular, el antielitismo y una visión maniquea de la política. De esas tres dimensiones, el gobierno ha venido construyendo un discurso político orientado a resaltar, la defensa de la soberanía popular, a confrontar el elitismo económico en favor de las familias peruanas y a presentarse, en contraste con otros gobiernos, como los “buenos” frente a los “malos” (visión maniquea).
Según la presidenta de la República, han surgido nuevas amenazas contra la soberanía, por ello, la última semana de agosto, el MINDEF en defensa de la soberanía popular, mediante la Resolución Ministerial N° 01047-2025-DE, oficializó la creación de un Grupo de Trabajo Multisectorial de naturaleza temporal, cuyo objetivo es formular una propuesta de proyecto de Ley de Soberanía Nacional.
Para setiembre, la presidenta durante el anuncio del respaldo al octavo retiro de la AFP, dijo que “el dinero que se descuenta a todos los trabajadores y va a las AFP es, en realidad, el dinero de la familia que trabaja”. Con ello, se adoptó un discurso de crítica hacia las AFP, a pesar de que, días antes, varios ministros de Estado se habían manifestado en contra de la medida. Y para reforzar la visión de “buenos” y “malos”, el 16SET25, la presidenta manifestó que “en tres años y medio vamos a dejar más obras que gobiernos anteriores”, colocándose del lado de los “buenos”.
¿A qué se debe este viraje? Ello resulta llamativo si se considera que el actual gobierno no mostró interés en adoptar un estilo populista como gobierno. Según Carlos Parodi (2025), la presidenta no podría ser catalogada como populista porque carece de un liderazgo carismático y de un mensaje movilizador. Entonces, ¿Por qué el interés de acercarse a un estilo populista?
Porque los peruanos tendemos a ser populistas. Según el trabajo de campo de Carlos Meléndez (2022), el peruano promedio en una escala de 1 al 5 donde 5 es el máximo nivel de actitudes populistas, tenemos en promedio 3.9 en 2019 y 3.8 en el 2021, a ello se suma que solemos preferir propuestas electorales populistas y a recompensar con mayores niveles de aprobación a quienes adoptan el estilo populista. Es decir, demandamos como sociedad prácticas populistas, por ello, no resultaría políticamente incorrecto que la oferta (el gobierno en este caso) se ajuste a los intereses promedio de la ciudadanía. Este primer punto, aunque relativo, permite justificar estructuralmente el viraje.
Segundo, el gobierno se encuentra en un escenario de debilitamiento político frente a las próximas Elecciones Generales 2026, durante los siguientes siete meses previos a la primera vuelta, los partidos políticos con representación en el Congreso endurecerán su oposición al gobierno como parte de su estrategia electoral para sintonizar con el descontento ciudadano. Es por ello, que al gobierno estaría recurriendo a un estilo populista que le permita ganar respaldo social y resistir el desgaste de sus últimos meses en el poder.
En síntesis, el viraje hacia el populismo puede explicarse, por un lado, por la predisposición ciudadana a respaldar prácticas de corte populista y, por otro, por la necesidad del gobierno de asegurar mayor apoyo en un contexto de creciente oposición por las próximas Elecciones Generales 2026. Lo del populismo del pan con chicarrón, entonces, es una metáfora de un populismo cotidiano que nos acompañará los siguientes meses.
